NOVEDADES

Ser voluntaria

¿Por qué decidí empezar a colaborar con diferentes organizaciones sociales? Puedo decir con orgullo que fueron mis hijos quienes me enseñaron a cambiar la mirada. Ellos, entre misiones, rodajes, retiros, noches de la caridad, Pascuas Solidarias, visitas a hospitales, largos intercambios con la gente que duerme o “para” en nuestra cuadra… me enseñaron a mirar “diferente”. Me enseñaron que no sólo es posible, sino que es una obligación moral hacer algo, lo que esté dentro de nuestras posibilidades, por los que más necesitan.

Admiro profundamente a quienes llevan adelante con tanta generosidad enormes emprendimientos solidarios: Red Solidaria, Fundación Sí, Mediapila, Lumen Cor, Techo, Haciendo Camino, Grupos Misioneros de las Parroquias, Noches de la Caridad, y una infinidad de instituciones que no podría terminar de nombrar y que llenan los huecos profundos que el Estado descuida. Gigantes solidarios y ángeles de la guarda, sencillos y comprometidos, con baja exposición social y enorme potencial para “armar redes de contención”.

Mi voluntariado suele ser desde “boxes”. Uno de mis oficios es ser correctora y desde ahí colaboro con varias instituciones. Me reconforta sentir que puedo ser útil desde lo que sé hacer. Y, de a poco, me voy animando a acercarme a quienes más necesitan, no sólo con ayuda material, sino con una sonrisa, un saludo, una palabra amable.

Soy una convencida de que sólo la solidaridad y la educación pueden hacer la diferencia en este triste país. Por eso tomo humildemente dos maravillosas frases de la Madre Teresa de Calcuta, una santa que le demostró al mundo que lo que mata no es el hambre sino la indiferencia:

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”

“La falta de amor es la mayor pobreza”.