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Nuestra unión es un acto de rebeldía latente

Nos hacemos piecito. Crecemos juntas. Disfrutamos, nos movemos y pensamos en red. En el Mes de las Mujer(es), Fundación Mediapila nos invita a activar y unir fuerzas para crear mejores oportunidades para (y entre) todas.

Históricamente, juntas siempre fuimos más fuertes. Nuestra hermandad conlleva desde sus inicios la lucha pujante por vivir unidas y libres. Desde las pioneras en el reclamo por el derecho a la educación, el primer Congreso Internacional Feminista, los Encuentros Nacionales de Mujeres que crecen año tras año, al “Mirá como nos ponemos” y al grito actual del Ni Una Menos, todas las conquistas de las mujeres tuvieron un factor común: la unión de voces diversas, expectantes por una sociedad más justa.

Pero hoy, ¿cómo nos unimos unas a otras? ¿Podemos decir que es más fácil que antes? Como siempre, tenemos pros y contras propios de nuestro tiempo. Por un lado, a medida que pasa la tecnología avanza, el movimiento por nuestros derechos crece, y las palabras a su alrededor cobran nuevos significados. Entonces, las alianzas entre mujeres parecen condicionarse cada vez más por si una se siente parte de la lucha, o si esta misma la “representa”.

A su vez, nuestras redes tampoco nacen de un repollo. Se eligen, trabajan y mutan en el tiempo. Como dice Marou Rivero, “La hermandad es poderosa y se construye concienzudamente cuando se elige escuchar y apoyar a otras que vienen de otras familias, de otros pueblos y ciudades, de otras religiones, de otras preferencias sexuales.”

La buena noticia es que, aunque unirnos sea una decisión, también es quizás, nuestra costumbre más valiosa. En un mundo que todavía nos inculca la individualidad a cualquier costo, nuestra unión es un acto de rebeldía latente. Y un desafío constante. Vivir en red implica animarse a abrazar la diversidad y la vulnerabilidad, propia y ajena. Hoy, unirnos implica evitar a toda costa el estereotipo. Nos obliga a predisponer una escucha y una respuesta empática, guiada por el cariño, que nos obligue a salir del simple “yo haría” o el “a mi me parece que”. Y, aunque a veces suene y se sienta difícil, todas nacemos con esa costumbre dormida.

Porque, ¿quién no conoce un lugar, una mujer, que nos haya ayudado a despertarla? ¿Alguien que se esfuerce todos los días para que los derechos de unas sean de todas? Mediapila es ese lugar para mí, y para las mujeres que lo visitan. La unidad puede vivirse en cada uno de sus rincones: desde los abrazos en la puerta, las meriendas compartidas en el salón común y las risas de la oficina, hasta el sonido de las máquinas funcionando a la par y el eco de los consejos de las profes en el taller. Desde que lo conocí, sentí una atmósfera de cuidado mutuo, de resiliencia, empatía y sobre todo de ganas, muchas ganas, de crecer en red.

Por eso, qué mejor oportunidad que este Mes de las Mujer(es), para apoyarnos, entre hermanas, amigas, compañeras, abuelas, madres e hijas. Qué mejor chance para hacernos piecito hacia nuestros sueños. Y quién dice, ayudar a que más mujeres impulsen, unidas, un mundo mejor para todas.



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